jueves, 5 de noviembre de 2015

Los mejores entrenadores del mundo.



Cuando somos pequeños comenzamos a identificarnos con un equipo de fútbol por costumbre familiar, quizá papá o el hermano mayor nos lo inculca. Y también encontramos cierto apego con algunos futbolistas en específicos, muchas veces es el que tira más gambetas, el que sale en los comerciales de refrescos. Queremos el mismo peinado que él, el jersey con su número y lo queremos ver hacer goles. Es natural, pero ¿cuándo comenzamos a hallar gusto por los entrenadores?

La táctica, los entrenamientos y la predisposición a mejorar constantemente son situaciones que no nos importan tanto cuando descubrimos el fútbol, quizá llegue a ser inentendible como es tan complicado el fútbol si nada más volteamos a ver cuando la pelota está cerca de la zona de gol.

Un director técnico siempre es el principal culpable cuando las cosas van bien y cuando las cosas van mal, voltean a verle a él y a sacar mil conclusiones de sus parados tácticos, si jugó con 4 o con 5, y creo que un entrenador tiene culpabilidad hasta cierto punto, mas no es el principal responsable de un mal paso de algún equipo ni lo es totalmente de que algún club gane y se canse de ganar. Tiene mucho que ver, es cierto, pero influyen muchos más factores que están fuera del control.

Para hablar de conductores favoritos tiene que ver mucho la forma en la que perciben el juego, en un punto de vista personal yo lo siento entendiendo que la posesión es lo importante para poder atacar y defender, comprendo que jugar bien es principal. Mi cabeza no comprenda que primero haya que ganar y después ver si jugaste bien o mal, yo priorizo el serle fiel a una idea, convencer al grupo de jugadores y morirte con tu filosofía. No cambiar por la prensa o afición, morirte en la raya con tu idea de juego, morir con tus ideales.


Los entrenadores con los que simpatizo por forma de juego, ideas del fútbol y fidelidad a una idea, son los siguientes:




Menotti resulta un entrenador interesante porque siempre es fiel a sus ideas, tanto como hombre de fútbol y como hombre de la vida. Posee una capacidad de oratoria magnífica que enamora al hablar de fútbol, de cuando paseaba por Corrientes para ver pelear en Buenos Aires a los boxeadores rosarinos, y al día siguiente tomaba un tren de vuelta a Rosario para ver jugar a Central.
Campeón en 1978 con Argentina en el mundial, pero quizá uno de los equipos que más se le recuerda es el Huracán de 1973 con jugadores como Babington o Brindisi.









Desde que comenzó en el Barça B, los que lo vieron, sabían que estaba más que preparado para tomar las riendas del primer equipo de la capital Catalana, fue capaz de darle una revolución más al fútbol, como lo fue con Michels, Cruyff o Sacchi, y tomó lo mejor de los mejores entrenadores de la historia para construir su juego; el juego posicional y todo lo que este involucra: tenencia, recuperación rápida tras pérdida, etc.

Guardiola logró algo que muy pocos logran: el éxito y la gloria juntos, porque existen procesos que no merecen y ganan, pero hay procesos que merecen y no ganan nada. La etapa de Pep en Barcelona estuvo llena de buen juego, un fútbol que marcó una época en el juego, y lleno de trofeos. A lo único que aspira otro equipo es a igualar lo hecho, no se le puede superar.

A Pep Guardiola le puedes ganar en el marcador, pero nunca en el fútbol. 






Una persona admirable, lleno de valores firmes y con el amplio gusto de estar en constante aprendizaje, no conozco a nadie que no haya disfrutado de alguno de los libros que hablan de él, de alguno de los vídeos que están en la red donde se le escucha decir frases memorables, es raro que alguien no conozca la historia de Newells, carajo, y fue complicado que alguien no se haya enamorado de la selección chilena, del Athletic de Bilbao y del Marsella recientemente.

Vivimos a la expectativa de que él elija a qué club quiere entrenar.

Obsesionado del juego, del entrenamiento y de que siempre se puede ser mejor. No tiene un palmarés tan amplio, pero siempre compite y lucha. A muchos entrenadores se les distingue por trofeos, pero Marcelo no necesitó de esas situaciones para hacerse un imborrable nombre en la historia del juego más lindo del mundo. 






Cuando hablamos de este hombre, no muy alto, nuestro primer recuerdo es la final que pudo ganarle a Argentina para darle a Chile su primera Copa América, pero lo de Jorge va mucho más allá. Cuando uno se entera que se subía a los árboles para ver entrenamientos, que se fue a Perú a entrenar sin seguridad de trabajo ni de nada, puede darse cuenta de que existen muy pocos entrenadores que entiendan y sientan el juego como él.

Pasó por ligas un tanto precarias como la peruana, la ecuatoriana y llegó a la chilena para darle una de las mejores épocas a la U de Chile que lo llevaría al mando de La Roja.

Sí, los llevó al mundial y estuvieron a nada de echar a Brasil. Sí, le ganaron una copa a Argentina, pero lo más importante que yo encuentro de Jorge es que hizo jugar casi perfecto a un seleccionado nacional que ya jugaba muy bien.

Y cuando ves que suma a Juan Manuel Lillo para imponer el juego posicional, y al explicar que lo hace porque sabe que hombre a hombre no puede competir contra las potencias mundiales, te sorprende la real necesidad de la constante mejora en su proyecto de fútbol, en su proyecto de vida. 



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